viernes, 31 de mayo de 2013

jueves, 6 de septiembre de 2012

Del bufón a su madre


Ayer fui a ver a mi madre,
fui a verla al cementerio.
Lleva muerta una semana.
Recuerdo que, en el momento de enterrarla,
… bueno, no en ese preciso momento,
un par de días antes;
pedí que el ataúd
(ataúd cristiano, como ella, inepta y cristiana),
pedí que la tapa de madera
no fuera de madera, si no de cristal.
Transparente, nítido… etéreo.
Bah! Yo quería ver otra cosa:
Imaginé qué vería de ella si,
además de la tapa,
transformaba también “los bajos” del ataúd.
La parte de abajo,
lo hice yo mismo.
El cuchillo que usé era ancho,
un palmo y medio medía.
Me llevó un largo rato.
La madera era buena y cara,
 pero yo era quien tenía que hacerlo.
Es obra mía que, paseando por el cementerio cualquiera,
puedas ver cómo a mi madre se la comen los gusanos
mientras, con un poco de suerte,
una brisa suave y templada
acaricia tu cara mientras empiezas a notar
las primeras gotas de la primavera,
que vienen a ser como unas gotas de orín
de algún mono cruel que también mira a mi madre.
Divertido.
Unos agujeros en la parte de abajo del ataúd.
Unos agujeros que hacen que,
al contacto con la tierra,
todo tipo de seres subterráneos 
logren su sustento mineral
en mucho menos tiempo.
Cuando el cadáver todavía está...
¿cómo decirlo? ¿jugoso?

Tú eras mi madre,
y te quería.
Tú has hecho que sea como soy,
hiciste que me guste tanto como me gusto.
Y eso te lo agradezco.
Más agradezco ver un cuerpo putrefacto
en su esplendor más exquisito.
Y las caras del transeúnte apenado que se espanta,
salta hacia atrás ante esa risa meada a espasmos
de un mono.
Já,
Já, já y já.
Te digo adiós,
Como siempre supe que haría.

miércoles, 3 de agosto de 2011

jueves, 28 de julio de 2011

La ProYecCióN de IyiAna


Sentada en la pequeña escalera que daba acceso a la vieja auto-caravana, la cabeza entre las rodillas y las manos en la nuca... no recordaba nada de lo que días antes le habían explicado. Luego, la noche siguiente, estaba decidida. Su cuerpo temblaba pero no sentía frío y uno de sus puños, ni siquiera ella puede hoy recordar cuál fue, se mantuvo apretado como sólo se hace cuando las puntas de los dedos empiezan a lucir un descarado tono rojizo. Parada ante la brillante escalera de latón grueso, tomó aliento sin marearse y comenzó a andar.

La noche era clara, un mar inquieto esperaba incrédulo y despistado, nada tuvo que ver el repentino miedo que invadió su cuerpo en el mismo instante en que posó su pie izquierdo y descalzo sobre el último peldaño de aquella escalera. Estaba decidida, segura. 

Desnuda y ante la atenta mirada de todos, el alma de aquella chica logró llegar tan lejos y tan profundo como ella siempre quiso que llegara...

lunes, 6 de junio de 2011

El teatro debe estar vivo cada vez que suceda

La búsqueda nunca termina, los personajes y las obras nunca están acabados. En el cine, se graba, se edita y se vende. No tenemos la posibilidad de, una vez acabado el trabajo, mejorarlo. En el teatro es distinto. Cada nueva actuación supone una nueva oportunidad de enriquecimiento. Cada nueva actuación debe ser la primera y más auténtica. Si creemos a un personaje completado, lo estamos matando. Si coartamos la continua evolución de una pieza en movimiento, el teatro, para nosotros que lo creamos, también muere.

Nosotros, los actores, actrices, directores... somos dueños de nuestro trabajo. Y está sólo en nosotros la capacidad de dotar a éste de la importancia que se merece.

miércoles, 12 de enero de 2011

NO a la ley SINDE

A ver... sí, esto era lo que yo quería decir:

Querido gobierno español nuestro, que eres tolerante, igualitario, socialista y un buen amigo del diálogo. Estoy cabreado. Sí, cabreado... ¿se puede saber qué está pasando dentro de vuestras evidentes pequeñitas cabezas ahogadas en un charco de buena vida y riqueza desproporcionada?. Puedo entender que, siguiendo la tendencia continental, saquéis adelante una ley que nos prohíbe fumar en espacios públicos y cerrados, o abiertos e infantiles; lo que no entiendo es que os metáis con la cultura, cogéis el más mínimo posible interés que pueda tener cualquier persona que resida en nuestro maravilloso país por la cultura, lo empujáis dentro de una bolsa  negra llena de desechos rectales de gorriones... y lo arrojáis por el bonito y brillante inodoro de plata que "poseéis" cada mañana en vuestros también brillantes palacios que tenéis por casas. No voy a hablar de la televisión, no voy a hablar de la publicidad, no voy a hablar de muchas puntualidades sobre las que podría. Y puesto que ya pagamos una quizá excesiva retribución económica a cambio de disponer de conexión a internet (y deberían ser, tal vez, las grandes compañías telefónicas las que "pagaran el pato"). Sólo voy a expresar un mensaje claro y simple:

 NO a la ley SINDE.   

CULTURA LIBRE Y GRATUITA EN INTERNET

sábado, 28 de agosto de 2010

Comienza una suave noche de amor efímero...


Hoy me encuentro pensando en La noche que ilumina.

La pieza escrita por Paloma Pedrero trata sobre cómo dos personas que encierran un fuerte sufrimiento de índole sentimental y emocional (Rosi es una mujer maltratada por su marido; Fran es un abogadillo enamorado y cornudo) se encuentran y se apoyan la una en la otra. Esta es una historia de amor circunstancial, potenciado por el efecto transtornador de una droga llamada éxtasis.

Una situación de desengaño y cariño, con tintes muy tristes y también momentos muy cómicos. En la que los personajes terminan señalando hacia un futuro inmediato que puede ser, por lo menos, esperanzador.

Siempre hay un roto pa un descosido... Son palabras de Rosi al final de la obra. No importa cuán grande sea el problema, siempre se puede enfrentar, siempre se puede buscar ayuda....